martes, 25 de mayo de 2010

El viejo y las palomas

El vuelo de las palomas, que cubre todo el cielo, cae caspa suave de aves sobre el mundo. El viento de los pájaros producido por alas batiéndose, sacude mis recuerdos, me acuerdo que mis manos están viejas, mi piel y mi carne también, mi mente envejece junto con el cabello que me queda. Las sombras de las palomas me recuerda que hay gente que me quiere robar el poco dinero de mi jubilación, desearía ser joven otra vez. Mi mano temblorosa señala todos mis errores, entre los cuales tener hijos fue el peor, pues ninguno me recuerda, otro de mis errores esta el alcohol, pues ahora me enloquece, a veces siento como las palomas me llevan entre sus garras. En el cementerio general esta mi esposa, custodiada por las palomas, las cuales me cuentan como ésta, no está, eso me dijeron, mis hijos nunca fueron a dejarle flores ni a arreglarle la tumba, como el espacio no era propio, la sacaron y la pusieron en un fosa común de seguro.

Entre mis dedos sujeto mi primer beso, la primera vez que hice el amor, mi primer hijo, mi primer empleo, mi segundo y tercer hijo, y mi primera hija. Tal vez no les dimos mucho cariño o tal vez no me preocupe mucho de ellos después del accidente, que ninguno nos quiso, o me quiso. Mi esposa murió atropellada, y el que la atropello salio inocente, a nuestra desgracia y para su suerte, pues lo que dijo fue que la culpa es de mi esposa. Entre la mugre de mis uñas están mis deseos, y en el pelo que se me cayó están mis logros, bien lo saben las palomas, que desde que estoy abandonado me han cuidado como a un pichón sin padres.

Y el día que pasa, y el otro que viene, y la muerte de cerca. Mis únicas amigas son las palomas, a las cuales les compro pan, y la banca de la plaza de armas, al frente de la Catedral. Ellas escuchan mis comentarios y mis recuerdos,… indiferentes, pero me escuchan. Mi único pasatiempo se transformó en desmigar el pan y mirar a la gente que pasa para que me den una moneda o dos, para vivir un poco más. Cuando llueve, solo me queda esperar bajo algún techo donde no me moje, acá en Santiago llueve un par de veces al año, pero hace frío cuando no es verano, por lo menos en la noche duermo en el Hogar de Cristo. Me pregunto ahora que pensarán mis amigas de mí. Y el viejo calló, levantan vuelo las palomas.