Incompleto
En una de sus manos, sujeta la aguja, en la otra un hilo de cristal. Enhebra la aguja con mucha delicadeza, y comienza a cocerse la pierna que encontró, en la basura de la calle. Con cada puntada se siente cada vez mejor, pues por fin se acerca más a convertirse en un hombre. A pesar del dolor de cocerse una pierna, sigue entusiasta por acercarse a convertirse en un ser humano. Cuando termina de cocerse, se alegra mucho, pero recuerda que le falta una pierna, y puede que nunca la encuentre, pero aun así esta alegre, pues ahora puede arrastrase con más facilidad, e incluso logro pararse.
Aun así, su suerte fue la misma de antes, cuando salio a la calle, escucho la burla de ese monstruo llamado Gentes, e incluso Gentes le escupió, y lo patio en el suelo. Recordó cuando solo tenía un brazo, su torso y su cabeza, recordó que Gentes estuvo golpeándolo toda la tarde, recordó que cuando Gentes se dio la espalda para irse, un sentimiento le broto por la cabeza, miro al incompleto, y se arranco un brazo y se lo arrojo, inmediatamente unos perros se comieron al sentimiento, es así como obtuvo un brazo.
Volvió arrastrándose el incompleto a su casa, entro y se sentó en las piernas del deseo, se preguntaba cuando obtendría esa pierna, cuando otro incompleto se le acerco, le dijo que el ya no podía seguir viviendo, y le entrego su pierna, luego el incompleto se disolvió en lágrimas. Cuando el incompleto termino de cocerse la pierna, se levanto, por fin es un ciudadano, salio a la calle a ver a Gentes. Vago por horas en un camino largo y recto, cuando encontró a Gentes, este le miro, y se aparto de el caminando, hasta el horizonte.
jueves, 27 de mayo de 2010
EL SEMBRADOR DE DESEOS
El sembrador de deseos
El silencio inunda la posada del muerto, pues su opinión no se volverá a oír, ni escuchará las opiniones de la gente, ahora descansa en la tierra que tanto sembró con sueños, nunca entendí porque todo el pueblo asistió a su funeral. Los niños lo recuerdan, aquel hombre sin nombre, siempre con un gracioso sombrero, de pájaro extraño, de color rosa, su bastón celeste, y su camisa floreada, pero no solo se acuerdan de eso, también recuerdan que siempre hundía su bastón en la tierra, se agachaba y plantaba una cosa, que no era una semilla, era un cosa de rara, de colores, supuestamente. Los niños lo recuerdan bien porque siempre, cuando el hombre se iba, trataban de desenterrar la cosa y no la encontraban, pues se corría el rumor entre los niños que las semillas concedían deseos o algo así.
Algunos dicen que lo veían volar entre el silencio de la mañana, lo veían volar en un sueño, de esos que rompen el cielo, otros dicen que cuando caminaban en el bosque en días de lluvia con sol, lo escuchaban tocando una flauta, que hacía que se detuviera el agua, de los ríos y la lluvia, era como caminar en una cortina de agua que brillaba con la luz y los que nunca lo vieron decían que donde pisaba crecía la hierba en poco tiempo. Bien recuerdo que una vez lo mire a los ojos, eran de color tierra, pero el tipo no me dirigió la palabra, vivía su mundo. Siempre nos preguntábamos de donde salió, pues no vivía en ningún lado, y acá hace frío.
Me acuerdo que una vez lo seguí, en su típica rutina de plantar cosas, hizo un hoyo con el bastón, y plantó una cosa, cuando se fue la desenterré, era una piedra pequeña, la cual guardé. Un día lluvioso, de esos días en el que el sol se cuela entra las gotas, salí a vagar al bosque, escuché su flauta, un sonido muy especial, pero no se detuvo el agua, recuerdo si que no lo encontré. Me acuerdo que nunca lo vi volar muy temprano por la mañana, y que nunca crecía pasto en sus pisadas. Mi sueño era ver algo así, pero lo único mágico fue su flauta, un sonido muy lindo, eso se convirtió en mi deseo, poder tocarla en mi infancia, entre suspiros y miradas de resignación.
Tuve un sueño, soñé que todo lo que plantó germinaba, eran unos enormes árboles, en ellos había unos frutos enormes, cada uno con una persona adentro, así como él. Cuando desperté, busque mi piedra, la cual estaba intacta, y más tarde me encaminé para dejarle flores a la tumba del viejo, pero cambie de ruta, y me encaminé al bosque, allí encontré su flauta, la guardé, como el trozo de cielo que era, la atesoré, más tarde le iré a dejar flores, quizás otro día, pues mi deseo se cumplió.
El silencio inunda la posada del muerto, pues su opinión no se volverá a oír, ni escuchará las opiniones de la gente, ahora descansa en la tierra que tanto sembró con sueños, nunca entendí porque todo el pueblo asistió a su funeral. Los niños lo recuerdan, aquel hombre sin nombre, siempre con un gracioso sombrero, de pájaro extraño, de color rosa, su bastón celeste, y su camisa floreada, pero no solo se acuerdan de eso, también recuerdan que siempre hundía su bastón en la tierra, se agachaba y plantaba una cosa, que no era una semilla, era un cosa de rara, de colores, supuestamente. Los niños lo recuerdan bien porque siempre, cuando el hombre se iba, trataban de desenterrar la cosa y no la encontraban, pues se corría el rumor entre los niños que las semillas concedían deseos o algo así.
Algunos dicen que lo veían volar entre el silencio de la mañana, lo veían volar en un sueño, de esos que rompen el cielo, otros dicen que cuando caminaban en el bosque en días de lluvia con sol, lo escuchaban tocando una flauta, que hacía que se detuviera el agua, de los ríos y la lluvia, era como caminar en una cortina de agua que brillaba con la luz y los que nunca lo vieron decían que donde pisaba crecía la hierba en poco tiempo. Bien recuerdo que una vez lo mire a los ojos, eran de color tierra, pero el tipo no me dirigió la palabra, vivía su mundo. Siempre nos preguntábamos de donde salió, pues no vivía en ningún lado, y acá hace frío.
Me acuerdo que una vez lo seguí, en su típica rutina de plantar cosas, hizo un hoyo con el bastón, y plantó una cosa, cuando se fue la desenterré, era una piedra pequeña, la cual guardé. Un día lluvioso, de esos días en el que el sol se cuela entra las gotas, salí a vagar al bosque, escuché su flauta, un sonido muy especial, pero no se detuvo el agua, recuerdo si que no lo encontré. Me acuerdo que nunca lo vi volar muy temprano por la mañana, y que nunca crecía pasto en sus pisadas. Mi sueño era ver algo así, pero lo único mágico fue su flauta, un sonido muy lindo, eso se convirtió en mi deseo, poder tocarla en mi infancia, entre suspiros y miradas de resignación.
Tuve un sueño, soñé que todo lo que plantó germinaba, eran unos enormes árboles, en ellos había unos frutos enormes, cada uno con una persona adentro, así como él. Cuando desperté, busque mi piedra, la cual estaba intacta, y más tarde me encaminé para dejarle flores a la tumba del viejo, pero cambie de ruta, y me encaminé al bosque, allí encontré su flauta, la guardé, como el trozo de cielo que era, la atesoré, más tarde le iré a dejar flores, quizás otro día, pues mi deseo se cumplió.
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