El sembrador de deseos
El silencio inunda la posada del muerto, pues su opinión no se volverá a oír, ni escuchará las opiniones de la gente, ahora descansa en la tierra que tanto sembró con sueños, nunca entendí porque todo el pueblo asistió a su funeral. Los niños lo recuerdan, aquel hombre sin nombre, siempre con un gracioso sombrero, de pájaro extraño, de color rosa, su bastón celeste, y su camisa floreada, pero no solo se acuerdan de eso, también recuerdan que siempre hundía su bastón en la tierra, se agachaba y plantaba una cosa, que no era una semilla, era un cosa de rara, de colores, supuestamente. Los niños lo recuerdan bien porque siempre, cuando el hombre se iba, trataban de desenterrar la cosa y no la encontraban, pues se corría el rumor entre los niños que las semillas concedían deseos o algo así.
Algunos dicen que lo veían volar entre el silencio de la mañana, lo veían volar en un sueño, de esos que rompen el cielo, otros dicen que cuando caminaban en el bosque en días de lluvia con sol, lo escuchaban tocando una flauta, que hacía que se detuviera el agua, de los ríos y la lluvia, era como caminar en una cortina de agua que brillaba con la luz y los que nunca lo vieron decían que donde pisaba crecía la hierba en poco tiempo. Bien recuerdo que una vez lo mire a los ojos, eran de color tierra, pero el tipo no me dirigió la palabra, vivía su mundo. Siempre nos preguntábamos de donde salió, pues no vivía en ningún lado, y acá hace frío.
Me acuerdo que una vez lo seguí, en su típica rutina de plantar cosas, hizo un hoyo con el bastón, y plantó una cosa, cuando se fue la desenterré, era una piedra pequeña, la cual guardé. Un día lluvioso, de esos días en el que el sol se cuela entra las gotas, salí a vagar al bosque, escuché su flauta, un sonido muy especial, pero no se detuvo el agua, recuerdo si que no lo encontré. Me acuerdo que nunca lo vi volar muy temprano por la mañana, y que nunca crecía pasto en sus pisadas. Mi sueño era ver algo así, pero lo único mágico fue su flauta, un sonido muy lindo, eso se convirtió en mi deseo, poder tocarla en mi infancia, entre suspiros y miradas de resignación.
Tuve un sueño, soñé que todo lo que plantó germinaba, eran unos enormes árboles, en ellos había unos frutos enormes, cada uno con una persona adentro, así como él. Cuando desperté, busque mi piedra, la cual estaba intacta, y más tarde me encaminé para dejarle flores a la tumba del viejo, pero cambie de ruta, y me encaminé al bosque, allí encontré su flauta, la guardé, como el trozo de cielo que era, la atesoré, más tarde le iré a dejar flores, quizás otro día, pues mi deseo se cumplió.
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