domingo, 11 de julio de 2010

Cometa

Iba mirando por la pequeña ventana del avión, era casi como mirar por el ojal de una aguja, pues estaba al lado de un ala del avión, así que se dificultaba mucho ver por ella. Miraba esos ojos azules del cielo, esos que se estaban oscureciendo cada vez más, mire mas allá de las nubes, hacia abajo, me pareció ver a un granjero trabajando la tierra, si, tenia el cabello corto, usaba jeans, una polera roja y un chaleco, pero en realidad en un vuelo internacional era mas probable que abajo hubiese un barco de pesque de arrastre o algo así, casi me pareció ver una sirena.

Pasaron las horas como balas, llegue a pensar que había llegado a mi casa, y cenando con mi familia, pero solo a pasado una hora, así que me entristecí. Al lado mío venia una señora, que estaba sacando su rosario, me miro y me dijo con una sonrisa “hoy es viernes, en los viernes se reza los misterios dolorosos” y se puso rezar, no lo se, quizás simpatizo con la gente. Me pregunto que sentirá la gente que es observada desde las alturas, cuando parecen hormigas, tal vez sientan lo mismo que una hormiga cuando las observo, nada.

La luna brilla en lo alto del cielo, sigue estando donde siempre, aunque llevamos mucha altura sigue donde mismo. Algunos roncan, otros no, la señora que venia rezando ya no esta, no se adonde se abra ido, la hora de mi reloj marca la misma hora de siempre, la hora de cenar. La persona de adelante se da vuelta, y me dice con tono de ebrio “oyee, ¿tomay tuu?, Perdón, ¿tu tomas?”, yo le dije: “no señor” y me dijo “cabro chico weon, no sabis la wea que te, te perdi”, y de pronto un coscacho le llego en su cabeza, y el nombre se dio vuelta disculpándose, mientras una señora lo retaba, pronto le pidió otro trago a la azafata. Hoy el vuelo se siente solitario, un niño gigante lleva el avión en una mano, cada pisada destruye ciudades enteras, la luna le canta al niño, y el sol le peina el cabello, en este vuelo eterno.

Cuando las estrellas se pierden en la ventana, a lo lejos un hombre grita de dolor, en esta libélula, el calor del asiento me mantiene vivo, sin palabras, no puedo decir nada más. Pronto me e quedado sin nadie adelante, el ebrio, la señora, no están, en los asientos de al lado no hay gente, y pronto me di cuenta que hacia delante tampoco hay gente, pero atrás viene un anciano roncando, su vieja esposa, y un sujeto de unos treinta años leyendo un libro de Stephen King con una devoción enorme y totalmente concentrado en el, la portada dice “Cell”. Lo mire durante un rato, pero no se dio cuenta, y así me quede sin nadie con quien hablar. Pronto me sentí con ganas de tomar, fumar, y drogarme tal vez, saltar de un rascacielos para saludar el suelo con mi cara, quizás quiera volver a la sala de maternidad, o tal vez al mismo vientre de mi madre.

Las estrellas se van rompiendo como cristal, la luna va perdiendo su voltaje de apoco, y el cielo se torno cada vez mas azul. El avión cargado por un animal de 5 piernas, con un aire altanero, y una mirada de misericordia, camina por los verdes prados del campo, cruza ríos y bosques de maleza. Cuando desperté, mire hacia atrás y solo quedaba el sujeto, que aun seguía leyendo su libro, le pregunte “¿y el señor que ronca?” pero me hizo callar, luego le pregunta “¿y donde esta la señora?”, y me respondió “no se de lo que hablas, déjame leer”, mire hacia la ventana, hacia abajo, y hacia arriba.

Cuando no estaba la luna ni el sol, un árbol crece para atascar el juguete volador con sus manos, un árbol con hojas de plata. Nervioso, mire hacia atrás, el joven ya no estaba, llame a la azafata, pero no contesto, quise mirar por la ventana, pero estaba tapada, no se podía levantar la tapa, las luces se apagaron, apareció la señal de póngase el cinturón, y se escucho la grabación de apagar los celulares mientras se aterriza. Apague mi celular, me puse el cinturón, y pronto me sentí muy viejo, se cayó un ala, la otra, y el avión se transforma en un cometa, en el cielo.

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